Prevemos que la demanda de oficinas podría ser más resiliente en estos países.
La vuelta a las oficinas probablemente incluya un escalonamiento de los horarios y en grupos por las medidas de distanciamiento social. El análisis de Workthere señala que las consultas sobre oficinas flexibles disminuyeron un 80% durante el confinamiento. Creemos que a corto-medio plazo se producirá un efecto rebote, cuando los arrendatarios reevalúen sus carteras. A medio-largo plazo, es posible que se observe una disminución de la densidad ocupacional y una mayor demanda de espacios de trabajo ágiles. Por otra parte, es previsible que si el número de empleados que prefieren trabajar desde casa es alto, podrían reducirse las necesidades de espacio. Por supuesto, hay muchos trabajadores deseando volver a la oficina. Algunos arrendatarios están estudiando si los parques empresariales podrían responder mejor a sus necesidades mientras dure el Covid-19, por su ubicación en zonas menos céntricas y su menor densidad ocupacional. Esto podría dar lugar a una nueva demanda de núcleos de oficinas flexibles en ciudades satélite para proporcionar un espacio a corto y medio plazo para los empleados. Por ejemplo, estamos observando que varios grandes bancos de inversión están utilizando sus parqués de operaciones de emergencia, en ciudades satélite, para mitigar el riesgo de infección. A largo plazo, la conectividad de los transportes y la proximidad a nodos clave tendrá un papel cada vez más importante en toda Europa para minimizar los desplazamientos por trabajo, a medida que se puedan realizar determinadas tareas desde casa. Los usuarios cuyos contratos estén próximos a terminar tendrán dos opciones: renovar o mudarse a lugares más rentables y menos densos.